martes, 17 de mayo de 2011

Medicina Privada de Escrúpulos


Como todos sabemos, ayer la compañera presidenta anunció la promulgación de la Ley de Regulación de Empresas de Medicina Prepaga y la firma de un convenio entre los Ministerios de Salud y Desarrollo Social y el PAMI para mejorar la gestión de compra de medicamentos por parte del Estado. No hace falta que yo me extienda acerca de cómo se siente cada una de las partes afectadas por tales medidas. Para eso están los blogs de verdad que bastante lo han hecho y muy bien. Podríamos sintetizar y decir que al menos la mitad de los argentinos estamos de acuerdo y felices con esto y algo así como la otra mitad, no tanto. Pero finalmente, la totalidad se verá beneficiada. Volvemos a dividirnos de la misma manera ante cada paso que da este gobierno. La primera mitad nombrada, coincide y acompaña, se muestra compacta y esperanzada, no necesariamente recibe el beneficio en cuestión de manera directa pero lo considera justo y, sin esfuerzo, se pone en el lugar de quienes ven mejorar sus condiciones de vida, en muchos casos por primera vez. Quienes se oponen, en cambio, se dividen claramente entre los que, sin verse perjudicados, desde la comodidad y la ausencia de apremios de tipo primario, básico, como el acceso a un sistema de salud digno o un ingreso que les asegure el alimento mínimo, o una jubilación que décadas de  abandono del estado tornaron imposible para millones de excluidos del mercado laboral; otros que por razones más mezquinas aún, inconfesables, y por eso mismo  deficientemente ocultas, como el desprecio por los que menos tienen o la costumbre inopinada de negarse a todo lo que venga de un gobierno peronista del que reniegan y sospechan por obligación; otros, como en este caso de las prepagas, porque se les escurren beneficios obtenidos a fuer de tratar a las personas como si fueran mercadería de la cual disponer, y otros, a quienes todavía no tuve el gusto de escuchar o leer, que tendrán razones prácticas y atendibles que también tiendan al beneficio del conjunto de la sociedad pero que, a decir verdad, brillan por su ausencia.
Mientras tanto, la enfermera universal sigue curando heridas. 


Pero viste cómo es eso: para curar suele ponerse sobre las heridas sustancias que hacen arder. Tal vez de ahí, los gritos de algunos. Daba risa ver en televisión a Claudio Belocopitt, presidente de Swiss Medical Group, retorciéndose acompañado por Longobardi  preguntándole al cielo cómo era posible que no comprendiéramos que una compañía de seguros no nos aceptaría si intentáramos contratar sus servicios presentándoles una auto chocado, explicándole al país que un enfermo es a la medicina lo que un auto chocado es a una aseguradora, que si la misma lógica se aplicara a esas empresas, se fundirían todas sin “remedio”. Pobres. Estaban tan alterados que no pudieron notar la diferencia por la cual no se aplica la misma lógica. Espero que se calmen y comprendan. Si no, les esperan años de amargas cucharadas de remedios peronistas. Porque como dice Clarín del 5 de Mayo: Si una palabra puede resumir la reacción que mostraron los principales jugadores de la medicina privada ante la aprobación, ayer, de la ley que reglamenta la operatoria de las prepagas, esa palabra es resignación.

Algunas de las cosas que dice Claudio Belocopitt
"lo que más preocupa de este proyecto de ley es lo que no tiene escrito que lo que tiene escrito (sic). Queremos que haya una regulación, pero que sea clara y que fije reglas de largo plazo".
“Si alguno de los que controlan los aumentos decide que no subas los precios, no podremos invertir y las diferencias de calidad de prestaciones que tenemos con las obras sociales se achicarán"
"La gente opta por las prepagas que le dan servicios que no ofrecen las obras sociales. Si no nos dejan invertir, van a lograr achatar el sistema privado. Quieren que seamos una obra social más para que no tengan competencia"
"Nadie en el Congreso leyó bien el proyecto. Nunca nadie nos permitió debatir el tema. Podemos ofrecer planes selectivos, que serían hasta un 60% más barato para el cliente, de acuerdo a las prestaciones elegidas. El Congreso se pierde la oportunidad de hacer una buna ley para todo el sistema de salud, no sólo para la frutilla de la torta" (¿?)
Todo eso en una sola nota.

Lo que no se puede negar es que Claudio Belocopitt es un laburante. Te atiende él mismo, porque si se tiene que poner a pagar sueldos se funde. Lógico.


Los dejo porque tengo turno con una señora que  me tira el cuerito.
                                                                                   Salud.
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