jueves, 9 de junio de 2011

Sergio Schoklender, El más hijo de puta

Nunca me hice una idea ni cercana de cómo fue el episodio que terminó con los hermanos Schoklender en la cárcel comenzando los años 80’. Después profundicé mi ignorancia ayudado por el bochornoso film sobre esa historia que vi con dos certezas, la primera, que seguramente no me aclararía nada al respecto y, la segunda, que me iba a incendiar la cabeza la por entonces muy excitante Alicia Bruzzo. Por entonces ella era una diosa de unos treinta y algo y yo lidiaba con una permanente estampida de hormonas. No recuerdo haber pensado seriamente en los hermanos, diría que hasta que Sergio comenzó a trabajar con Hebe. Algunas sensaciones que tuve entonces, se las adjudiqué a prejuicios de los que me costó bastante desprenderme y lo hice, todo lo que pude, en silencio. No quise entonces, ni quiero ahora, hacer el papel que veo asumir a muchos compañeros y quejarme a deshora diciendo que nunca me gustó que Hebe lo acercara, porque igual que en aquel momento, sigo sintiendo que el alma de Hebe y de todas las madres es indescifrable. Me dicen que Hebe fue avisada de lo que pasaba y no reaccionó, que fue al menos ingenua. Y recuerdo las veces que mi madre fue avisada de los peligros de seguir cerca de un hijo como yo sin por eso dejar de confiar en mí ni un solo día de su vida. Otros se asombran, o se animan a decirlo ahora, de que haya tenido tan cerca a un tipo con esos antecedentes. Y no puedo evitar sentirlos muy distantes al confesar que esconden habitualmente la idea de que cualquiera que haya pasado por una cárcel no merece confianza, ensuciando así a tantos que luchan con la vida y son gente de bien después de terribles experiencias. Hebe es la madre más feroz, la más tierna, la más sanguínea, la más inteligente, la más frágil y la más dura, fuerte;  la madre joven que pelea contra el mundo para salvar lo que le queda de sus hijos, su memoria, y la madre viejita y final que se resiste a aceptar que su travesía de dolor a lo largo de las últimas décadas de nuestra historia pueda tornar vulnerable su valiente coraza. Pero resulta que esa forma que tiene de ir envejeciendo, que a nosotros nos conmueve, a algunos les revive sus odios más profundos y antiguos. A otros, los hijos de puta del recambio generacional, les despierta todas las mierdas que se morían por estrenar y que venían ensayando con la condición de mujer genial de Cristina y la muerte de un grande como Néstor. Esos son los vulgares hijos de puta de siempre.  Pero este, Schoklender, que como dije no señalo por nada más que lo que hizo ahora, vio la grandeza y el amor de Hebe como una flaqueza de la cuál valerse. Vio la puerta hacia la vida que ella solidariamente le dejó abierta como la oportunidad  para cagarla y con ella, a todos nuestros muertos y a nosotros mismos. Este es mucho peor.

No nos vamos a olvidar de vos, Sergio.


Abriste la puerta de tu propio infierno, hijo de puta.


"Con tus numerosas culpas, con tu comercio venal, profanaste  tus santuarios.
Pero yo hago brotar de ti mismo el fuego que te devora.
Te reduciré a ceniza sobre el suelo delante de todos los que te miran."
"Todos los pueblos que te conocen están consternados por ti;
te has convertido en motivo de espanto y no existirás nunca más."
                                                                 
                                                                Ezequiel  XXVIII - 18-19

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